miércoles 8 de diciembre de 2010

Wikilefa


Esta historia (también aquí) es de lo más tronchante que he leído en mucho tiempo. Voy a tratar de resumir el lío. Julian Assange es el fundador de Wikileaks, la web esa que publica documentación secreta o reservada de Estados Unidos. Desde hace tiempo buscan la forma de meterle mano, pero resulta que son dos feminazis locas quienes le han metido en la cárcel. La gracia del asunto está en los detalles. Vamos a ello.

Todo empieza con una invitación que recibe Assange para que acuda a unas conferencias en Estocolmo en el mes de agosto de 2010. La primera feminazi de la historia es Anna Ardin, la de la izquierda en la foto, que contacta con Assange y le ofrece su casa para hospedarse en la capital sueca durante las conferencias. Ardin es la responsable de prensa del Movimiento de Hermandad, la organización izquierdista que organizó el cotarro. La pájara trabajó en el Departamento de Estudios de Género de la Universidad de Uppsala, un nido de feminazis. El tonto de Assange va y acepta, metiéndose sin saberlo en la boca del lobo. Ardin suelta feromonas y se lleva al pobre Assange al huerto. Según ella, durante la fornicación se les rompe el condón, y ella le pide que pare, pero claro, cualquiera para en esas circunstancias, así que él sigue y se alivia donde la otra le deja (supongo). Después de aquello mantienen una relación cordial cuando menos, y ella incluso le prepara una fiestecita en su honor días después (es una celebridad a fin de cuentas, y un héroe para muchos). Ahora nos olvidamos de Ardin, de momento.

En las conferencias, en la primera fila (¿a que les resulta familiar?), hay una chica de 20 primaveras llamada Sofía Wallen (la de la derecha, con cara de vikinga). Ella le entra, se la calienta bien calentada y él pica. Van a comer juntos y se toman unas copichuelas; van al cine. No pasó gran cosa. Assange volvía a dormir a casa de Ardin, y como si nada.

El día de la fiestecita que Ardin preparó al tonto del haba de Assange, éste se va con Wallen a su casa, en vez de quedarse "en casita" con la anfitriona. El caso es que Assange se la tira, dos veces, la segunda sin condón, cosa que contraría a la Wallen. Hasta aquí Assange debía pensar que ser famoso no está nada mal, y que en Suecia se folla más que en el camino del Rocío. Contentísimo debía estar el pobre desgraciado, sin saber lo que se cernía sobre él.

Ahora viene lo bueno. Resulta que Sofía Wallen y Anna Ardin se conocían de antes. Hablan por teléfono, y Wallen le cuenta a la otra que se había cepillado a Assange, y supongo que todos los detalles del asunto, incluido el incidente del vertido. Ardin monta en cólera y echa a Assange de su casa.

Pero la cosa no queda ahí. Las dos acuden a comisaría y acusan formalmente a Assange de violación (Ardin) y acoso sexual (Wallen) (!).

Claro, estas cosas no pasarían si en vez de seguirles la corriente a estas golfas las metieran en prisión preventiva por embusteras, para empezar. Pero claro, han sido tres "fiscalas" las encargadas de machacar a Assange. La primera fiscal, Maria Häljebo, ordenó el arresto a partir de la inverosímil denuncia de Ardin; la segunda, Eva Finné, retiró la acusación de violación al día siguiente; pero la fiscal superior Marianne Ny ordenó reabrir el caso y proseguir con la investigación, incluida una orden de busca y captura internacional contra el protointerfecto, al que han cazado en el Reino Unido. Al bobo de Assange, Mr. Wikilefa, le quedan meses de gayolas, hasta que se le pase el susto. Eso si no le extraditan a Estados Unidos, donde puede acabar sus días. Y todo por poner la cebolleta en un adobo venenoso.